Siempre pensé que podría vivir a base de lasaña y pizza, a base de pasta en general, porque es una de esas cosas que no me canso de comer. Después de pasar 8 días este verano en Italia me he llevado una decepción muy grande, y es que al quinto día ya no podía ni olerla. Así que nos divorciamos, como un matrimonio: relación intensa, pasas a verlo todos los días, y te divorcias. Pues en esas estábamos la pasta y yo hasta el otro día que me entraron unas ganas enormes de lasaña. Vamos que nos reconciliamos. Y fue todo gracias a esta receta.
Ingredientes (para 6 raciones):
- 750 gr. de espinacas crudas
- 8 hojas de pasta para lasaña
- 200 gr. de pesto ligero
- 6 rodajas de queso mozarella bajo en grasa
- 30 gr. de queso rallado cheddar para esparcir por encima
- 600 ml de leche
- 50 gr. de maicena
- 1 diente de ajo
- 1/2 cebolla
Preparación:
- Precalentamos el horno a 180.
- Hervimos las hojas de pasta con un poquito de sal hasta que estén listas. Las separamos y las dejamos secar. Mucho cuidado en dejarlas bien separadas porque al secar si se dejan juntas pueden pegarse.
- Ponemos a hervir las espinacas con un poco de sal durante 20-30 min, las escurrimos muy bien y las cortamos en trozos pequeños con un cuchillo.
- En un sartén sofreímos con una cucharadita de aceite la cebolla y el ajo. Mezclamos la leche con la maizena y revolvemos bien para que no se formen grumos. Añadimos el pesto y por último las espinacas. Lo mantenemos todo 5 minutos a fuego lento hasta que espese y reservamos.
- Vamos a montar la lasaña. Es muy sencillo, hoja de pasta, cubrimos de relleno de espinacas y así hasta la última capa que debe ser de pasta y que cubriremos con el queso mozarella y después espolvoreamos el queso cheddar rallado.
- Un poquito de orégano y al horno hasta que esté dorada por encima (unos 25 minutos).
¡Y solo 350
Un besito para todos.





